miércoles, 23 de octubre de 2013

CNT 1314. EUSKERA. 2013.10.22 Idazkera automatikoa

Gaur, hiru musika mota ezberdin entzun ditugu:

Beethoven : 7. Sinfonia 2. mugimendua .

Prokofiev: Romeo and Juliet : Act I. Scene 2. XIII Danse des Chevaliers. Zuz. Gergiev

Anonimoa: Folia Criolla. Jordi Savall (improv.)




Jasotako Ariketak...


IDAZKERA AUTOMATIKOA

1)    Bihotza segituz(Beethoven : 7. Sinfonia 2. mugimendua .)
Masha izutua dago; zerbait faltan du. Badoa aurrera jolas-parkerantz eta parean lau pailazo atera zaizkio, zein baino beldurgarriagoak. Puxika bati heldu dio eta gorantz atera da; lurra urrun utzi du eta Saturnora iritsi da. Eraztunetik jaitsi da tobogana bailitzan.
Txokolatezko etxe baten parera iritsi da. Atea jo eta zer topatu? Bere anai txikia



Erraldoia dator. Pausoek gogor jotzen dute lurrean; herri guztia dar-dar batean murgilduta dago. Badoaz ihesi, Telmok lortu du babesean jartzea. Lasaitasuna antzematen da.
Bat batean berriz erraldoiaren pausoak … dar-dar batean menditik behera erori da Telmo txiri-bueltak ematen.
Badirudi oraingoan lortu duela. Laku batera iritsi da. Bakea dago. Baina tupustean, berriz ere erraldoiaren pausoak … lakua uhinez bete da eta txalupatxo batean zegoen arrantzalea lakura erori da.

3)    Ezkutuko maitasuna
Erromeria dago plazan. Hor daude bikoteak dantzari. Iñaki eta Teresak beste bikotekide batzuk dituzte dantza-kide. Baina beren begiradek elkar gurutzatzen dute etengabe. Beraien begiek topo egiten dutenean, mendian daude biok dantzan elkarrekin, eguzkipean goxo-goxo. Bat batean, badoaz korrika menditik behera eskutik helduta …
Orain bikote aldaketa. Zumardian gaude berriz. Dantza amaitu da eta bikote guztiek elkar agurtu dute



APUNTEAK:

*Expektatiba bat sortzen badugu, irteera eman behar da ( adib: txanogorritxuri: eraman saskia baina ez ireki…)
*Ipuina: historia bakarra. Bi esaldietan irakurlea harrapatu edo seduzitzea lortu behar dugu
*Ipuinean minimoak erabili: erredundantziarik ez 






A R R A I N -T X I K I T A N 
                                                                                   2013-X-23

Hondartzan zebilen jendea egun eguzkitsu eta sargoi hartaz gozatzen, halako batean bozgorailuetatik hauxe aditu zuten: "Entzun, arren! Bizkaia aldean sortu den enbata ordubete barruan hemen izango dela, jakinaren gainean jarri gaituzte itsasoko agintariek. Hori dela eta, hemendik aurrera igeri egitea galarazita dago eta, urrundu zaitezte lehenbailehen hondartzatik. Mila esker!" Azkar asko jendea beren gauzak biltzen hasi eta bertatik alde egin zuen.
Herrikoak, ordea, kai muturrera jo zuten, ea goizean arrain-txikitara motorretan atera zirenak zetozen lehorrerantz, itsasoaren mugimendua igarrita edo. Izan ere,  gerturatutako askok senideren bat zuten arrantzan, egun-pasa joanda. 
Bozgorailutik esan bazuten ordubete barruan helduko zela zoritxarreko enbata hura, zegoeneko, haize zakarra eta olatu handiak hasita zeuden, denen harridurarako.   Itsaso petralaz jabeturik, jendea kezkatzen eta larritzen hasia zen, txarrena pentsatuz. 
Ez zen denbora luze jo, eta han hasi ziren agertzen txalupak banaka bata bestearen atzetik herriko barran. Baina hain olatu itzelak zebiltzan, non motorrak desagertzen ziren jendearen bistatik, handik pixka batera berriz ur gainean azaltzeko. Eskerrak! Hala ere, zebilen haize bortitzarengatik eta itsasoa zeharo berdea zegoenez, ontzi txiki haiek jitoan zebiltzan arrantzale dohakabeek ezin zuzendurik. Itsasoaren mende. Lehorrean zeuden larritasunerako. Beldurgarria baitzen hango ikuskizuna. Bai horixe! 

Lehorretik  ikusi zutenean denak arriskutik kanpoan zeudela, hango esku altxa eta txaloak kai muturrean bildu zen jende artean.       

Berriz hemen

Beno!
Bazen garaia.... Euskeraz atera dugu aurtengo ikastaroa.
Momentuz bederatzi ausartak izan ditugu, ea zer kontatzen diguten!

lunes, 13 de febrero de 2012

Cuentos encadenados...

Kixmi


La tormenta

Correr. Una tormenta en medio del mar. Altas y bajas presionas se fusionan creando una tormenta en medio del mar. El aire sube y baja bruscamente, buscando el equilibrio que provocan las bajas y altas presiones, en la tormenta, en el mar.

Zambullir. El mar se revuelve en la tormenta. Miles de pequeñas perturbaciones se crean en el mar revuelto, en la tormenta. Todas esas pequeñas perturbaciones chocan entre si formando series de perturbaciones, intensas, en ese mar revuelto en medio de la tormenta.

Remontar. Después de la tormenta llega la calma. La energía acumulada en la tormenta no desaparece cuando llega la calma. El viento va guiando la energía de la tormenta, las series de perturbaciones viajan, buscando nuevos lugares, calmados, tormentosos.

Esperar. La energía viaja sin desplazar el agua. El cumulo de energía acumulado por la tormenta viaja, lejos, sin que el agua recuerde su paso. Las perturbaciones juntas, en grupos de perturbaciones, en series, viajan por el mar dejando todo como estaba.

Remar. Las serie ya está lejos de donde nació. La serie después de viajar cientos y miles de kilómetros se acerca a la orilla, lejos de la tormenta donde nació. La energía empieza a tocar fondo, arena y roca, cerca de la orilla, lejos de donde nació.

Levantar. Un último rugido. La serie se levanta, se impone sobre el mar y empieza a gritar su último rugido. Un grito de libertad, un rugido de pasión, el aullido del final del camino, tras viajar, tras llegar a la orilla, tras levantarse y imponerse sobre el mar.

Vivir. Sentir que estas vivo. La ola que es parte de la serie, se encuentra a poca distancia de la orilla, quizá solo sea energía, quizá sienta estar viva. Me encuentro sobre la ola, no nos conocemos, se que cada vez nos encontramos más cerca de la orilla, sentimos estar vivos.


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Miguel






El hombre que esgrimía una pistola humeante, lloraba desconsoladamente.
En la cama, desnuda, con los ojos abiertos y un agujero de bala entre ellos: yacía la esposa del hombre que esgrimía una pistola y lloraba desconsoladamente.
En el suelo, a los pies de la cama, caído de cualquier manera, con los testículos reventados a balazos, estaba el amante de la esposa (muerta con un agujero entre los ojos) del hombre que sostenía una pistola y lloraba desconsoladamente.
Sentado en una silla, perplejo, como ausente: el hombre que tenía entre sus manos una pistola humeante, lloraba desconsoladamente; no por su esposa, desnuda y muerta, ni por el que hasta hacía bien poco era su amante y que ahora yacía en el suelo con los testículos reventados a balazos.
El hombre que sujetaba la pistola humeante, lloraba desconsoladamente porque le habían cambiado el guión de su vida, (ahora que había conseguido aprendérselo). Lo habían convertido en un asesino y eso no lo podía soportar.
El hombre que esgrimía una pistola, aún humeante en sus manos y lloraba desconsoladamente, se levantó de la silla con pesadumbre y se asomó a la ventana. El sol brillaba. El hombre que todavía empuñaba la pistola suspiró profundamente con alivio y lentamente apoyó la pistola en su sien. Sonreía. Ya no lloraba desconsoladamente

****

Ensalada de cuentos...

Princesa Selma

Ensalada de cuentos.

“Piensa cosas prodigiosas y ellas te levantarán en el aire”. Fue lo primero que le vino a la cabeza cuando despertó. “Piensa cosas prodigiosas y ellas te levantarán en el aire” se repitió para si misma. ¿Dónde demonios lo había oído? ¿Acaso se lo dijo su jefe cuando acabaron la maldita reunión el día anterior? Todavía podía oír la desagradable voz del Señor Garf como si lo tuviese delante: ¨”Wendy, Wendy…te conformas con muy poco, te falta punch Wendy, ¿qué voy a hacer contigo? ¿Tirarte a los cocodrilos? No me dejas muchas opciones querida, tómate unos días libres, reflexiona y vuelve la próxima semana… cuando haya cambiado el viento”.

Wendy tenía por delante todo el día para ella. La casa estaba en silencio, sus hijos y su marido no estaban. Wendy sentía que se había parado el mundo para ella mientras todo a su alrededor seguía igual. Se miró en el espejo del dormitorio. Los años no pasan en balde, pensó a la vez que intentaba estirarse con los dedos las incipientes arrugas de su rostro. “Espejito, espejito, dime, quién es la más bella del reino?” por un momento pensó que quizás, si lo decía en voz alta, el espejo le daría una respuesta. Pero no estaba segura de querer escucharla.

Salió a la calle. El viento sur le abofeteó en la cara. Hacía tanto calor que apenas se veía gente por la calle. Todos aguardaban cual vampiros a la puesta de sol para salir a por sus presas.

En esos momentos de impás, de sentirse perdida en medio de la nada sin saber qué rumbo coger, siempre se acordaba de una niñera que tuvo hace ya demasiados años para contarlos. “Ay, Srta. Poppins, si usted estuviese aquí seguro que daría con la receta mágica para encontrar una salida”. Pero ella era incapaz de dar con las palabras adecuadas que le infundasen ánimo. Necesitaba una canción, o una palabra que le hiciese volar por las nubes…elevarse hasta el cielo…Aunque hubo una vez que … No, no podía ser cierto, mejor si no volvía a pensar en eso… La melodía del teléfono móvil le sacó de sus pensamientos. “Mamá, mamá, nos vamos al bosque” gritaban dos pequeñajos al otro lado de la línea. Nada podía hacer por impedirlo. Con la excusa de que su padre andaba cerca, pues trabajaba de guardabosques, los pequeños Hansel y Gretel siempre iban al bosque en cuanto podían. “No habléis con nadie desconocido niños y cuidado con los enanitos del bosque” les advirtió antes de colgar.

De repente notó que le estiraban del vestido y se sorprendió cuando vio a una niña de no más de doce años, vestida toda de rojo con una cesta y una caperuza. Estaba perdida en la urbe y buscaba desesperadamente la casa de su abuela. Wendy le dijo que tenía que seguir las migas de pan en el suelo para poder llegar a su destino. La niña salió presurosa y Wendy tuvo que gritarle que tuviera cuidado con el lobo feroz. ¡El lobo feroz! Siempre acechando…siempre en busca de su presa más débil…¡Y los niños estaban allí! Llamó a su marido para que sacara a los niños de allí, temía que les pasara algo… pero Peter no contestaba, maldita sea- pensó Wendy- estará cazando corazones de jabalís otra vez. Rauda y veloz como una loba feroz se adentró en el bosque para buscar a sus hijos.

Tan pronto como se adentró en el bosque su soledad se hizo más intensa si cabe. No veía a nadie, no oía nada… Parecía estar en un decorado desierto de cualquier película. ¡Hansel, Gretel!, empezó a llamar a sus niños. ¡Hansel, Gretel! Pero no obtenía respuesta. Caminaba y caminaba con desesperación. Le atormentaba la idea de que sus hijos pudieran estar en peligro. Y Peter, su marido, el fuerte y guapo guardabosques, ¿dónde estaba? Siempre igual, nunca estaba cuando más lo necesitaba. Oyó un ruido a la derecha de donde se encontraba y se aproximó cautelosamente…eran susurros casi inaudibles…cuando llegó al lugar, un claro del bosque, se encontró con un enorme lobo tumbado en el suelo. A su lado una manzana mordida y siete enanitos que observaban a su lado. Wendy tuvo que frotarse los ojos varias veces para cerciorarse que lo que estaba viendo era cierto… Los enanitos le dijeron que una princesa llamada Blancanieves andaba por el bosque tentando con manzanas a todo aquel con quien se cruzase. No hacía falta que le dijeran que las manzanas estaban envenenadas. El lobo había sido el primero en caer a las tentaciones que la bella joven le ofrecía. Y ahora yacía en el suelo.

Nuestra protagonista abandonó el lugar horrorizada… si era así sus hijos no tardarían en morder aquellas manzanas. ¿Dónde estaban sus hijos? ¿por qué nunca podía controlarlos? Siempre vivía con la sensación de que no pertenecía a la familia que había formado. Su marido ausente y sus hijos apenas hacían caso de sus advertencias y consejos. Ella les buscaba a todas horas desesperadamente, pero ¿quién le buscaba a ella? ¿Quién la esperaba al acabar el día? Mientras pensaba en lo desdichada en que se había vuelto su vida, corría y corría sin respiro.

Casi se choca con una casa de ladrillos en medio del bosque. Tocó la puerta. Quizás sus pequeños estuviesen ahí. Le abrieron la puerta tres cerditos y le invitaron a entrar. Tenían miedo de que el lobo tirase la casa y los devorase. Pero Wendy les contó que el lobo ya nada podría hacerles pero que tenían que tener cuidado con la princesa Blancanieves. Ellos no creyeron sus palabras y la expulsaron de su casa. Blancanieves era una vieja amiga y no había razón para desconfiar de ella.

La siguiente casa que vio era una casa pequeña, hecha de piedra. De su chimenea salía humo, señal que había alguien dentro al calor del fuego. Tocó en la aldaba de la puerta y no obtuvo respuesta. Cuando abrió la puerta se encontró con el escenario más dantesco jamás imaginado…la pequeña de la caperuza roja…se estaba comiendo a su abuela… Salió despavorida de allí pensando en qué podría ser lo siguiente con que se iba a encontrar en aquel siniestro bosque.

Llegó a la orilla de un riachuelo y allí, abandonados al lado de un árbol, encontró dos zapatos rojos. Se los puso e imitando a Dorothy los juntó tres veces no queriendo llegar a la ciudad de Esmeralda sino deseando encontrar a sus hijos sanos y salvos y al mismo tiempo encontrar también a su marido. Pero nada de eso pasó, en su lugar apareció la bruja del oeste, con su tez verde y sus viejas ropas. Wendy se asustó temiendo que la iba a atacar con uno de sus conjuros. En cambio, Elfaba, le suplicaba que le ayudara…que ella era una bruja buena…que todo era una confabulación y que no se dejara llevar por su aspecto. Su tez verde no era debido a su maldad, era de nacimiento. Elfaba quería escapar de ese bosque y juntarse con su enamorado, un hombre al que habían hechizado y le habían condenado a ser un espantapájaros por el resto de su vida.

Oyeron el sonido de un reloj que cada vez se adivinaba más cercano: tic-tac, tic-tac, Wendy y Elfaba se miraron expectantes… ¿qué demonios era eso? Y zas! a la velocidad de un rayo pasó un conejo con un gigante reloj colgando de su cuello. Llegaba tarde a algún lado. Wendy decidió seguirle y abandonar a la bruja a su suerte.

Era muy difícil seguir el ritmo del conejo… y más de una vez creyó haberle perdido…Cuando estaba muy cerca de él… escuchó unas risas que provenían de su espalda...

-Jajaja, Wendy, ¿qué haces?
-¿A quién sigues Wendy?
-¿Qué buscas Wendy?
-Wendy…dime…¿de qué tienes miedo?
-Cuéntame Wendy, ¿quién eres?

Se dio la vuelta y allí estaban, su marido con sus hijos a cada lado, el lobo que antes yacía muerto, los siete enanitos, Elfaba, hasta Blancanieves le ofrecía una manzana. El señor Garf también estaba ahí, disfrazado de pirata y con un garfio como mano derecha… ¿qué hacía esa gente allí? Wendy sintió que su cuerpo pesaba como un plomo…algo le estiraba desde la tierra hacia dentro… y empezó a caer, caer, caer….y todo se volvió oscuro mientras ella no dejaba de caer…

El frío viento le hizo estremecerse…se despertó y se tapó hasta las orejas con el edredón. Se había vuelto a dejar la ventana abierta. Se apresuró a cerrarla. El viento pegaba fuerte del norte. Había llegado el momento de enfrentarse a su jefe. Se miró en el espejo, seguía siendo joven, sonrió para si misma y salió a la calle. Cuando quedaban pocos metros para llegar a su cita con el lobo hambriento de su jefe se dio cuenta que no se había puesto sus polvos bronceadores infalibles en la cara. Como mujer coqueta que era, no podía hacer frente al mundo sin sus secretos de belleza. Sacó la pequeña caja dorada y cuando se dispuso a untar su brocha en ella ….aaaaaachis!!! estornudó. “Pues sí que me he resfriado esta noche con la ventana abierta…”pensó. Los polvos salieron de la caja extendiéndose por el aire y Wendy, comprobó que sus pies dejaban de pisar tierra firme para elevarse al cielo…cada vez más alto….estaba volando!!!! Volando, volvía a volar después de tanto tiempo…. Planeó durante un rato la ciudad para luego elevar su vuelo y emprender su camino como si de un ave migratoria se tratara.

¿A dónde? No lo sabía, probablemente se dirigía a un lejano lugar para no regresar Nunca Jamás…


****




Miguel


ENSALADA




La tarde iba muriendo entre nubes de sangre. La nieve que había estado cayendo pausadamente durante todo el día cubría los campos con su albo manto, mas, en estos instantes, ofrecía una tregua a los caminantes.
Por el camino que discurría por la linde del bosque se veía venir una figura de andar cansino que dejaba impresas sus huellas en la nieve virgen. A medida que se acercaba se podía apreciar el cansancio en el rostro de Pulgarcito, que desde el amanecer llevaba caminando bajo el intenso frío. Cenicienta, impaciente lo esperaba en la puerta del granero, de la casa de su tía.
¿Cómo has tardado tanto? Le increpó.- Llevamos todo el día esperándote.
-Es que esta casa está en el culo del mundo y me he perdido.
-¿Qué es eso de que te has perdido? ¿No eras tú el que dejaba migas de pan en el camino para no perderse?
-Si, y eso he hecho, pero se ve que la crisis aprieta mucho, porque detrás de mi iban unos cuantos recogiéndolas y comiéndoselas. No se donde vamos a parar. Contestó Pulgarcito, frotándose las manos para hacerlas entrar en calor.
-Pues haber preguntado, que todos los hombres sois iguales ¿No sabes que preguntando se va a Roma?
-Y de donde te crees tú que vengo, guapa. Anda quita y déjame pasar que estoy helado.
Perpleja Cenicienta le franqueó la entrada mientras le decía- Pasa, anda pasa, que solo faltas tú para poder empezar el ensayo.

Gretel, se extrañó al ver la puerta de la tienda cerrada a cal y canto.

Al acceder al granero Pulgarcito se admiró de la cantidad de amigos que allí se habían reunido: Al lado de la puerta estaba Pinocho contándole a la Ratita Presumida que el había nacido en las Islas Canarias, más concretamente en la isla Del Hierro, cuando todo el mundo sabía que Pinocho era de Madeira; por lo que la nariz le había crecido tres palmos.
En un rincón estaba llorando Hansel porque Gretel no había acudido.









En la acera, frente al portal se hallaba estacionado un coche de pompas fúnebres.

También estaba presente un enorme gato rayado que lucia unas enormes botas y un sombrero de copa con una pluma verde.
Blancanieves, como siempre estaba tomando rayos U. V. A. de una cabina que siempre llevaba consigo. Cuando le recriminaban el hecho de estar siempre tomando rayos ella aducía:
-Es que quiero ponerme morena para que dejéis de llamarme Blancanieves y de una vez por todas empecéis a llamarme Gertrudis que es mi verdadero nombre.
El rincón más concurrido del granero era una barra de bar, bien surtida, que habían montado para que los ensayos no fueran tan desabridos. Allí en aquel rincón se aglomeraba el grueso de la reunión.
La Bella Durmiente entre descomunales bostezos escuchaba la murga que le estaba endosando Peter Pan, acerca de los potingues para lograr la eterna juventud.

Asustada, subió por la escalera hasta el tercer piso, con el alma en vilo por el recelo que la atormentaba.

El Sastrecillo Valiente trataba de defenderse de Caperucita Roja que lo acosaba, insistiendo en que ella quería comprobar personalmente si era cierto eso de “siete de un golpe” y sin descansar.
Cenicienta se subió a un cajón y reclamo atención:
-Compañeros, silencio por favor. Prestad atención. Gracias. Este es Pulgarcito, el va a dirigir este guirigay que llamamos ensayo y, espero que ponga algo de orden.
En el Reino se había convocado un concurso de teatro, cuyo premio consistía en una cena romántica con el príncipe heredero (que era un soseras) para ver si se enamoraba de alguna, o alguno, (el género daba lo mismo, se trataba de un reino muy moderno) y se casaba de una vez.
Cenicienta estaba enamorada de dicho príncipe y deseaba ganar el concurso para, con sus encantos enamorarlo y así ser princesa ella también, incluso sin haber presentado un telediario en su vida.






Al penetrar en la vivienda se dio de bruces con un enorme ataúd de chocolate que ocupaba casi todo el salón.

Pulgarcito preguntó.- Que obra es esa y cuales son los problemas.
La se obra se titula: Preñada de vacío, crece en mi vientre la nada. La ha escrito el enanito gruñón de Blancanieves; perdón Gertrudis; y trata de una mujer embarazada que es maltratada. Relató Cenicienta.
Los problemas son múltiples: La música es uno de ellos. El flautista de Hamelín quiere ser el intérprete solista, el otro día nos hizo una demostración y se lleno el granero de ratones y claro, así, no hay quien ensaye. Todos le tiraban los tejos a la Ratita Presumida. Otro candidato a interpretar la música es el Capitán Garfio que se empeña en tocar el arpa y al cabo de unos compases se hace necesario rescatarlo de la maraña que organiza con el garfio entre las cuerdas.

Alrededor del ataúd se congregaban familiares, amigos y vecinos con los ojos enrojecidos por el llanto.

-Otro problema. Continuó la enumeración Cenicienta- Es el del protagonismo. Existen al menos dos candidatos y se pasan el día discutiendo: uno es el Lobo de Caperucita y el otro es el Rey León.
-Yo seré el vacío y tú serás la nada dice uno, y el otro le replica: Tú, ya eres nada. Para interpretar el vacío es necesario tener una gran vida interior y haber estudiado el método Stanislavski.
Y así, todos los días; no avanzamos nada.

Paseo alrededor de la habitación dándole la espalda al féretro. Los asistentes cuchicheaban entre si, sin percatarse de su presencia.

-Esto no lo arregla ni el Genio de Aladino (que por cierto estaba empeñado en meterle mano a Mary Poppins). Sentenció Pulgarcito.
Lo mejor y lo más directo será tratar de sobornar al jurado ¿Sabéis quienes componen el jurado.
-El alcalde de Marbella, el Duque de Palma-ras, y uno que regenta una tienda de alpargatas y botijos.
-Este último es el peor. Sentenció, Pulgarcito.
-¿Por qué? Quiso saber Cenicienta.
-Porque no vende nada y tiene todo el día para pensar.




-Que podemos ofrecerle para que acepten darnos sus votos.

No se atrevía a mirar dentro del ataúd ¿para que? De sobra sabía que allí dentro yacía muerta ella misma.

-Una hoja en blanco. Les ofreceremos una hoja en blanco y todos los sueños y riquezas que se puedan escribir en ella.
-Pero no lo aceptarán.
Si lo aceptarán, esto es un cuento en el que ocurren las cosas más disparatadas que se puedan imaginar, pero antes de que nada ocurriese esto era una página en blanco. Una página en blanco es lo más satisfactorio y lo más aterrador a lo que puede enfrentarse un ser humano sensible. En una hoja en blanco caben todas las ilusiones y todas las ambiciones, todos los sueños incluidos los más abyectos y ruines juntos a los más desprendidos. En una hoja en blanco cabe en definitiva toda la condición humana.

Tenía la esperanza de que si no miraba a la muerte a la cara esta no se daría por enterada.

Por supuesto ganaron el concurso y la noche romántica fue memorable gracias a los polvos mágicos.
Se casaron fueron felices, comieron perdices y, pasados unos meses se tiraron los huesos a las narices.

martes, 10 de enero de 2012

Enero 2012: Ejercicio de puntuación

Como hemos comentado, aquí tenéis el ejercicio... suerte.
Tenéis tres párrafos no conexos, podéis hacer los que os parezca bien.

A aquella noticia siguió el desmoronamiento clásico taquicardia dolor en el pecho insomnio una sensación agobiante de abandono de ingratitud e injusticia y un ansia muy vivida de recordar lo bueno lo maravilloso perdido enfrentada a una necesidad defensiva de desvalorizar la relación resaltando lo malo para encontrarle justificación y beneficio a la ruptura noches en vela extraños dolores de estómago más cervezas de las recomendables y pastillas para dormir recetadas por un médico de rostro amable que escuchó el relato de sus noches de insomnio sin apenas mover una ceja como si estuviera más que acostumbrado a que todos los jóvenes de Hampstead le contaran lo mismo



Y entonces recordó quizás sencillamente tengas que tocar el dolor y revolcarte en él y no intentar evitarlo como llevas años haciendo no intentar disimular algún día te darás cuenta de lo ridículo que es intentar siempre hacer el papel de sensato del contenido del tranquilo algún día deberás dejar de hacerle creer al resto del mundo que las cosas te resbalan y que puedes con todo y más eran palabras de Cordelia su hermana las recordaba de memoria palabras de aquella carta la última carta de Cordelia la que había enviado desde Aberdeen a Oxford


En la grandiosidad del castillo de Exeter Leola espera a Roberto se aman sólo se han visto una vez pero sus corazones se pertenecen Leola anhela volver a verle pero Roberto no llega Leola se inquieta dónde estás por qué no vienes necesita verle tocarle tener la certeza de que existe de que no lo ha soñado pero Roberto no aparece de repente el cielo se torna gris y cruzan el umbral dos jinetes a galope armados con lanzas y flechas se lleva a Leola mientras a pocos kilómetros Roberto cabalga a lomos de su caballo blanco sonríe el cielo está azul y despejado hoy verá de nuevo a Leola suspira de felicidad le acompañan en tan alegre viaje sus dos fieles caballeros Roberto y su caballo dan brincos de alegría su ritmo es irregular pasando del galope al paso en tan sólo segundos galopa trota vuelve a galopa va a al paso se para reinicia el trote necesita gritar a los cuatro vientos que hoy es el día que hoy verá a Leola los pájaros a su alrededor revolotean y cantan contaminados por la euforia que baña el ambiente pero Roberto llega al castillo y no ve a Leola por ningún lado Leola,dónde estás Leola Leola encuentra al resto de gente encerrada en las mazmorras se han llevado a Leola Roberto presa del pánico sale en busca de su amada se adentra en bosques oscuros y tenebrosos buscando alguna pista que le indique el paradero de la princesa Leola Leola grita insistentemente pero Leola no contesta no hay rastro de ella

viernes, 16 de septiembre de 2011

Ejercicios Nivel II

Y este año.... además de repasar los ejercicios del curso pasado.

CNT1112.L.01:Cartas a un desconocido
CNT1112.L.02:Viaje iniciático
CNT1112.L.03:Cuentos para ir a dormir
CNT1112.L.04:Cuento encadenado
CNT1112.L.05:Reducción orquestal
CNT1112.L.06: El sexo de los ángeles

domingo, 3 de julio de 2011

Llega el verano

Llegará el cercano otoño en vuestros corazones nuevamente a palpitar...
Recordad que la escritura se ejercita leyendo.
Nos reencontraremos.
Besos

lunes, 28 de marzo de 2011

Cuentos de TSB

MIRADAS1
El angel de la muerte dijo "vida por vida" y tocó con sus fríos dedos el corazón del hombre que anudaba la soga en una encina y cuando el hombre caía al suelo reconoció en su mirada la sorpresa del ciervo abatido desde el horizonte por el arma invisible, la desesperación del zorro atrapado por el lazo sutil y la rabia del jabalí acosado por la jauría; y la galga, ahora libre, miró a su amo con ojos tristes y hermosos, color avellana.


MIRADAS2
Tal como le dije al cabo, ese día me encontraba con el rebaño en el pago de Mirabueno, había metido las ovejas en el majuelo de la Plácida, la del molino, porque ya estaba vendimiado y fueron las perras, la Canela y la Lista...
¿Que abrevie?, sí señor juez; digo que fueron las perras las que con sus ladridos me alertaron…
¿La hora?, yo ya había almorzado, pan y una latilla de sardinas, pues serían cerca de las once, así que las silbé y las llamé, pero ellas seguían allí ladrando junto a la encina…
Digo la encina, señor juez, porque es la única que hay encima del majuelo y que está según se mira desde el camino hacia la izquierda, así que pensé a saber qué habrán encontrado y tiré hacia allá y así fue como hallé al Venancio, boca arriba, con una mano agarrando una soga y con otra como queriendo abrirse la camisa y la nariz y la boca cubiertas de una costra de sangre seca y moscas; junto a él estaba su galga…
¿Si lo moví?, no, ¿para qué?, además los muertos, de siempre, me han dado mucho respeto…
Sí, claro que me extrañó encontrar allí al Venancio, porque el Venancio era más de cantina que de andar por el campo, salvo cuando salía, de higos a brevas, a la liebre. Y para mí, señor juez, que la perra se le había hecho vieja y se la quería quitar de encima, aunque hay que tener mucho cuajo para aguantar la mirada de un perro sabiendo que le vas a matar, tendría usted que ver los ojos de esa galga, tristes y hermosos, color avellana.

La la la la la la, la la la la lo.
Erase una vez, una niña que vivía con su padre y con su abuela. Un día, al llegar de la escuela, vió aparcada a la entrada de su portal la furgoneta del asilo. Al entrar en casa, su padre la miró seriamente y le dijo- Tu abuela está muy vieja y no puede valerse ya por si misma. Ve a buscar esa manta grande que hay en ...el trastero. Me han dicho que en ese sitio hace frío por la noche- La niña encontró la manta y la partió en dos. Entonces entregó al padre media manta. Éste, al verlo, le dijo- Pero ¿te has vuelto loca?, ¿por qué has traído solo media manta?- a lo que la niña contestó- He pensado que el día en que tú tengas que ir al asilo también necesitarás taparte-. El hombre se quedó pensativo y decidió... que de paso que se llevaban a la vieja al asilo se llevaran también a la cría al hospicio.

MOUSSA

Hasta hace poco Moussa sólo conocía el sabor salado; salado es el sabor del sudor que brota con el sol del desierto, salada es el agua que salpica la patera y cuando su madre llora y él la besa, sus lágrimas saben a sal.
Luego descubrió el sabor amargo; amargo es no entender a los que te rodean, amargo es que te hagan sentir distinto y más amargo aún que cuando les entiendes te digan – Tú no – porque eres distinto.
Y ahora ha probado el sabor dulce; dulce es que te digan – Moussa juega con nosotros – y dulce es entenderlo y dulces son los labios de su madre cuando le besa.
Por eso Moussa conoce mejor que nadie los matices del sabor amargo, del dulce y del salado y sabe que un día su restaurante tendrá tres estrellas.

SENTIDOS

“Doña Carmen hoy nos tendremos que quedar adentro”, me dice Yoani con su acento cubano, y empuja mi silla de ruedas hasta el ventanal desde el que se ve el océano en cuyas orillas ha pasado mi vida.
El viento es muy fuerte, el mar se estrella contra los bloques que delimitan la carretera y la espuma, sorprendida, antes de caer se mezcla con la de la siguiente ola, desde aquí, tras la cristalera, la ausencia de sonido hace que todo, las olas, los escasos coches que circulan, las palmeras doblándose, parezca moverse a cámara lenta.
Este es el mismo mar al que hace ochenta años acompañaba a mi madre a mariscar, recuerdo la arena de la ría, oscura, terrosa, correr entre los dedos de mis pies, el ruido del agua, como besos, al subir la marea y el olor a lana mojada de la falda de mi madre, la otra orilla, a miles de kilómetros, de este mismo océano.
Miro mis manos, mis dedos doloridos y deformados por la artritis y acaricio las monedas de plata que forman mi pulsera, mi única joya. Cinco monedas de plata gastadas y brillantes…
¡Dios mío!

También aquel día de invierno había ráfagas de lluvia y viento, mi padre llevaba meses en la guerra, mi madre no fue ese día a la ría, ni Pablo ni yo a la escuela; recuerdo aquella última comida, las patatas blancas, humeantes, los torreznos oscuros, crujientes y el silencio, sólo el ruido de las cucharas raspando los platos de loza y al final la voz húmeda de mi madre “…esta tarde os llevarán hasta Gijón y de allí hasta Francia en barco, y pronto, cuando esto acabe, volveremos a estar juntos” y luego en la plaza del pueblo “… cuida de Pablito… en la bolsa lleváis unas mudas… cosidas en la bocamanga de tu abrigo van seis pesetas de plata… escríbenos cuando lleguéis”.

El calor de sus labios enfebrecidos en mis mejillas y el sabor a sal de sus lágrimas.



Mi padre murió en el frente ese mismo año. Ella en el verano del siguiente en un hospital de Burdeos adonde había llegado tras nuestros pasos poco después de que nosotros llegáramos a México.

No he vuelto a cruzar este mar.

Recuerdo la llegada a Veracruz, el calor y la humedad como algo tangible, y los olores desconocidos y el gentío que nos estruja y mi mano apretando la de Pablo y luego ya en el tren veo que ha perdido un zapato y le riño y le grito y él llora apretándose contra mí.

Pobre Pablo, tan dependiente de mí, tan menudo, murió ese invierno a los siete años de tifus.

Esa noche mientras velaba su cuerpecito en la enfermería, descosí la manga de mi abrigo saqué una de las monedas de plata y la metí en el bolsillo de su pantalón, peiné su flequillo y su frente fría sorprendió a mis dedos.

No he vuelto a llorar.

Luego México, Los Angeles, Nueva Orleans, y ahora al final en Pearl House, Miami, esquina Collins Avenue con la 81.

“Doña Carmen… ¡Doña Carmen!... Are you sleeping?”


PLURICUENTO


Se habían conocido en la cárcel del condado, eran tres pájaros de cuenta, Tuerto, el gato y Viejo, el zorro, habían pasado cuatro años en la trena por intento de secuestro de un menor llamado Pinocchio y Feroz, el lobo, se había tirado tres años en el talego por exhibicionismo repetido ante una abuela y su nieta.
Habían salido con la condicional y estaban en su obligatoria visita semanal ante la asistenta social, Dolly, la oveja, que tiene un inquietante parecido con su madre hasta el punto de parecer gemelas; Dolly es una soltera ingenua, tímida y está secreta, pero profundamente, enamorada de Feroz; así que cuando éste le expuso cómo, ante la dificultad de encontrar empleo, habían pensado los tres, él, Tuerto y Viejo en abril una casa de agroturismo, una “gîte rural” dijo con exagerada pronunciación francesa y que se habían fijado en la casa conocida como la de Hansel y Gretel y que llevaba años cerrada, podría, si el municipio se la concedía, ser muy adecuada para ese fin.
A Dolly le pareció una idea maravillosa y les prometió hacer todo lo posible para ayudarles.
En la visita de la semana siguiente Dolly les entregaba las llaves y una hoja en la que se detallaban las condiciones de la cesión; si bien, les dijo, éstas eran un puro formulismo; y cuando Feroz, agradecido, estrechó su pata y la retenía entre las suyas con calculado gesto, Dolly no pudo evitar sonrojarse y sus sedosas pestañas aletearon como pájaros sorprendidos.


Un mes más tarde un letrero en el que se leía ”Home Sheep Home” (sic),
enmarcado por neones rojos, parpadeaba sobre la puerta de la vieja casa de Hansel y Gretel.
*****
Hoy, sábado, después de cenar en la “Forest Society”, Gentil Espín, Fétido Mofeta y yo nos hemos acercado hasta ”Home Sheep Home” y el ambiente era cojonudo extraordinario, en un rincón tocaba un grupo llamado “Los músicos de Bremen” y en la barra tres cerditas sonrosadas y tiernas como tocinitos de cielo servían copas en topless, un buen rato después y después de bastantes pelotazos y cuando paró la música y nos disponíamos a salir, Feroz, Viejo y Tuerto se acercaron y me dijeron, “Señor Juez, quédese, ahora cuando cerremos viene lo bueno, sólo para los amigos”, y os aseguro que aunque Daisy me ha dejado y mi hígado se resiente, este invierno las noches ya no son largas ni frías.



DONALD DANZON

Es probable que este nombre, Donald Danzón (en adelante D.D.) no diga nada a muchos de nuestros lectores, sería preciso retrotraernos 30 ò 40 años.
Cuando me encontraba revisando los archivos municipales de Patoburgo encontré que las primeras referencias acerca que D.D. aparecen en los años sesenta vinculadas a su doble y curiosa faceta de sobrino y tío; como sobrino de un mezquino banquero, Tio Gilito que ha pasado a la historia local como un inclemente especulador, con un final oscuro y aparentemente arruinado y que trata a D.D. con tiránica prepotencia; aparece a su vez D.D. como tío de tres simpáticos y traviesos de los que parece ser su tutor.
Entre otros personajes que aparecen con frecuencia vinculados a D.D. están los “golfos apandadores” personajes del hampa local, clientes habituales de juzgados y cárceles.
D.D está enamorado de su novia Daisy, femenina y sofisticada.
La imagen que nos llega de D.D. es amable y simpática, algo gafe, con propensión a equivocarse y con una voz muy característica.
Es a raiz de la desaparición de Tío Gilito cuando los datos acerca de D.D. muestran una evolución inesperada, desaparecen de su entorno los tres simpáticos sobrinos, tal vez por razones de estudio o trabajo; las menciones a Daisy son cada vez menos frecuentes, en un texto de estas fechas titulado Pluricuento¹ D.D. confiesa que Daisy le ha dejado y que su salud no es muy buena.
Encontramos, en los años ochenta, otra referencia a D.D. como abogado defensor de los “golfos apandadores” en un caso en el que aparecen imputados por extorsión a un constructor.
Y a partir de aquí la evolución de su carrera profesional es fulgurante, de modesto abogado local pasa a juez del condado de Patolandia donde muestra una habilidad sorprendente para hacerse con los casos de más repercusión mediática como Mister X, narcotráfico, terrorismo y que proyectan su nombre a nivel nacional, D.D. es ahora un juez estrella; cuida mucho su aspecto, su cabello plateado, zapatos italianos, abrigo de pelo de camello y aparece junto a rectores, políticos y banqueros lo mismo en cacerías que en aparatosas redadas policiales siempre que haya un micrófono o una cámara.
Pero la ley de la gravedad se impone y todo lo que sube acaba cayendo y los últimos informes nos muestran a un D.D. imputado por cohecho y prevaricación y apartado de su cargo.
D.D. ha dejado de ser noticia y su imagen antes omnipresente es ahora esporádica y fugaz.

Carl Barks corresponsal de The Patoburg Herald


¹ Véase CNT1011.X.18.TSB.01

martes, 15 de marzo de 2011

Cuentos de Zita

El cazo de Lorenzo


Lorenzo es un niño muy especial que siempre anda con un cazo a rastras. Parece que un día se le cayó encima y desde entonces lo acompaña a todas partes. Es un niño inteligente, cariñoso y sensible pero llama mucho la atención porque hace mucho ruido al arrastrar el cazo y la gente lo mira raro.

Además, el cazo le entorpece mucho en sus quehaceres. Cuando sube las escaleras se le engancha, si salta mucho le da en la cabeza y cuando anda le hace zancadillas. Así que todos tienen que esperarle o ayudarle y eso le incomoda mucho.

Lorenzo quiere librarse del cazo, lo ha intentado muchas veces pero sin éxito. Un día estaba tan harto que escondió su cabecita en él. Tanto escondió su cabecita que los demás terminaron por no verle y era como si hubiese dejado de existir.

“¡Toc, toc! ¿qué haces ahí dentro?” una ancianita rompió su silencio, le sacó la cabecita del cazo y le enseñó que el cazo, según cómo lo utilizaba le era muy útil y encima le daba ventajas sobre los demás. Podía ser más alto si se subía en él, lo podía utilizar de puente ante una charca, o cumplía su función de palanca y hasta podía jugar con él. La ancianita, además, le regaló una mochilita para no tener que llevar a rastras el cazo.

Gracias a ella aprendió a ver que su impedimento era su fuerza y al sentirse seguro todos empezaron a ver en él un muchacho listo y cariñoso.




El uniforme

Irene iba todos los días a la escuela con un uniforme que odiaba. No es que fuera feo, sencillamente odiaba ir exactamente igual que las demás acentuando la sensación de invisibilidad que cada día se le hacía más insufrible.

Era consciente de que no deslumbraba como la bella Cristina, tan alta y tan rubia, ni tampoco destaca con sus notas como la brillante Alejandra, ni qué decir, de la jovialidad y simpatía de Nerea que la ensombrecía constantemente. Ni siquiera era capaz de destacar frente a la malicia y las travesuras de Raquel…

Un día, consciente de que carecía de atributos suficientes para que las demás se fijaran en ella y el uniforme aún la ninguneaba más y viendo a su mamá teñirse el pelo, compró el tinte más llamativo y se lo puso en la cabeza. Su mamá puso el grito en el cielo pero ella se fue tan contenta.

Al llegar a la escuela miles de ojos se posaron sobre su azulada cabeza. De pronto sintió una enorme vergüenza y deseó con toda su alma volver a casa pero ya era demasiado tarde. Decidió seguir avanzando con la cabeza bien alta mientras escuchaba los comentarios y las risas de todo el mundo.



La flor

Había una mariposa que revoloteaba alegremente de flor en flor. Tenía preferencia por las margaritas y las flores de pétalos sedosos y oscuros como la sangre.

Un día se topó con una flor que enseguida le llamó la atención por su rareza. Comenzó a revolotearla prudente y curiosa. Era una flor cálida y sedosa que emanaba una extraña luz de un color todavía más enigmático.

Se fue acercando y conforme se acercaba sentía calor. Se asustó y se alejó pero tal era la atracción que le provocaba su enigmática belleza que decidió alcanzarla para probar lo que prometía ser el más delicioso néctar.

Al acercarse su brillo la fué cegando y aunque sentía cada vez más calor, podía más el deseo que el miedo. Y justo antes de alcanzarla, sus alas comenzaron a arder convirtiéndose toda ella en esa maravillosa y enigmática flor que tanto la sedujo.



Chispita

Una familia de ratones vivía en un caserío desde hacía ya muchísimas generaciones gracias a su discreción y sobre todo a su gran mimetismo con el entorno que les rodeaba.

Normalmente salían de sus guaridas por las noches y su pelaje se confundía notablemente con la tierra, los aperos de trabajo, los sacos de cereales y los muros de piedra, por lo que difícilmente el casero daba con ellas.

Los días discurrieron con tranquilidad hasta el día en que nació “Chispita”. Era un ratoncito alegre y travieso y tan cariñoso que todos quedaron prendados de él, pero al mismo tiempo una sombra de preocupación oscurecía sus rostros.

“Chispita” de pelaje sedoso brillaba como un limón. Relucía en la noche y destacaba en el día por contraste con los tonos apagados del caserío.
¿cómo iba a sobrevivir si se le veía desde muy lejos?

Para colmo era un ratoncito muy despreocupado. Lo habían mimado tanto por ser tan especial que él veía la vida como un juego y todos andaban como locos tras él para que no cometiera ninguna locura.

Una vez ocurrió que el casero pilló desprevenida a mamá ratita hurgando en el saco de cereales a una hora poco prudencial. Éste, al verla cerró el saco con ella dentro dispuesto a cazarla bien. Mamá ratita empezó a chillar asustada y “Chispita” acudió raudo hacia ella y al ver el panorama empezó a corretear alrededor del casero que asombrado de ver un ratón tan llamativo soltó el saco para cazarlo a él.

Corrió y corrió hasta colarse por una rendija donde al casero le fue imposible alcanzarlo mientras mamá ratita pudo liberarse y esconderse.

Esa noche lo celebraron por todo lo alto y dejaron de ver a “Chispita” como un problema.



La avellana


Tuvo la desgracia de nacer en lo más profundo del avellano donde jamás consiguió contemplar el sol en toda su redondez. Tal era su curiosidad que un día empezó a sacudir con fuerza su pequeñez y por un instante un ligero balanceo le permitió vislumbrar un amplio horizonte. Después, un largo crujido la arrojó en la más profunda negrura.

Ahora, esa negrura es tan lejana como amplio el horizonte que contempla.



No quería ser avellana


Una avellana, que no quería ser avellana, se encontraba un día en lo alto de una cesta con el resto de sus compañeras. Se sacudió como pudo y fue logrando desplazarse hacía un lado hasta que finalmente cayó al suelo y salió rodando hasta la habitación de Luisito. Luisito, al verla, la cortó con delicadeza en dos mitades perfectas, le quitó el fruto y rellenó de plastilina el interior de las cáscaras donde hundió un palito con una pequeña vela.

Ya no es una avellana; ahora son dos barquitos de vela con los que Luisito juega a piratas


El osito de peluche


Cada vez que cruzaban el blindado muro que rodeaba el campo para ayudar a su padre a descargar el carbón, un niño, delgado como la muerte, se le acercaba y le ofrecía religiosamente su osito de peluche, que él muy respetuosamente rechazaba.

Un buen día, tras mucho pensarlo, decidió aceptarlo y cuando volvió nuevamente a descargar el carbón con su padre, él mismo se acercó al niño y le devolvió su peluche, pero esta vez relleno de avellanas. El niño, al sentir su nuevo peso, le sonrió con una mirada, que él jamás olvidó.


El piano


Escuchar el piano para mí es un evocador placer. Me transporta a mi niñez sentada en una mecedora de mimbre, libro en mano y en frente mi padre con sus grandes manos bailando suavemente sobre el teclado de marfil. Apenas sí leía; cerraba los ojos y el mar y la luna eran las protagonistas. Mis canciones favoritas eran “Claro de luna” de Beethoven y “Nocturnos” de Chopin.

Siempre he soñado que me casaría con un pianista. De echo, me enamoré de un músico que componía tan maravillosamente que ganaba continuamente premios internacionales. Sólo tenía un fallo, era tan inestable emocionalmente que nunca tenía muy claro si quería estar realmente conmigo. Nuestra relación era intermitente, se iba y pasado un tiempo, volvía. Me cansé.

Años más tarde me enamoré un pianista congoleño de rastas plateadas y largas manos negras que animaban fiestas en los bares nocturnos de Madrid. Estuve un tiempo fascinada por él, pero su vida era tan caótica e incierta que a mí me acabó produciendo vértigo. Le abandoné…

Ahora soy muy feliz con mi chico. No toca el piano, pero me hace reír cada día y cada gesto suyo es una declaración de amor. Y cuando la nostalgia del piano entra en mi corazón, Beethoven o Chopin llenan nuestro hogar…


El sol favorece al hijo de las musas
O, el pintor inspirado

Era un pintor preocupado porque por mucho que trabajara
no conseguía crear nada que le llenara el corazón y muy a su pesar,
sus cuadros se vendían como espuma.
Tenía fama de huraño y maleducado, apenas se le veía en público.
De hecho, solamente hay imágenes de él dentro de su taller o en el salón
de su casa, entre sus libros y obras de arte maravillosas que decoran cada rincón de su intimidad. Son obras de otros, le encanta rodearse de la creatividad de otros, le produce una hilarante contradicción entre placer y envidia. Todo el mundo piensa que tiene un espacio para ser feliz y vivir holgadamente.

Pero él era feliz, de una felicidad distinta.
Era feliz cuando estaba sólo y también lo era con Nicole. No necesitaba nada más, lo tenía todo. Además, Nicole no sólo era su musa, él era el hijo de su musa y su musa le mimaba como hace cualquier madre
que adora a su hijo.

Le estorbaba todo lo que viniera de fuera de su espacio
de una forma tan impositiva como los medios de comunicación, los cotilleos, que él escuchaba como ruidos sucios, molestos que no podía entender… Cada vez que miraba afuera era más selectivo, eliminaba lo sucio y se centraba en lo que a él le encantaba. Descubrir la belleza, admirarla, embelesarse… Pero aún así, una cierta incomodidad en su espíritu lo consumía.





“Si, disfruto con la belleza, creo belleza, belleza que me favorece
tan generosamente el dios sol, no lo puedo negar…
Pero, sólo belleza, no es suficiente.
La belleza a secas se vuelve aséptica, tarde o temprano
deja de conmover. Hay belleza en lo feo, hay belleza en el dolor,
hay belleza en lo insignificante como en lo inmenso,
hay belleza hasta en los carteles desvencijados de una ciudad abandonada,
en la ropa tendida en los balcones de un edificio, en el gesto de un niño
que duerme, o en el brillo de la taza de café por las mañanas.
Pero como fuente inagotable de belleza está la naturaleza,
una belleza que conforme más la abarcas, más te asombra su capacidad
de recrearse, regenerarse, superarse. Es la belleza cruel de la supervivencia, la vida al fin y al cabo…”

“Tiene que haber una manera de crear nutriéndose de la belleza
de la vida, pero, ¿cómo expresar la esencia de la vida? La belleza sin vida no vale nada. Vida y belleza han de ir de la mano.”

“¡Eso es!!!! ¡tiene que ser eso!!! Mis cuadros no tienen vida, sólo belleza, por eso no me dicen nada…!


Con esas divagaciones andaba el pintor paseando por el inmenso jardín que rodeaba su casa. Se asomó al acantilado y el mar a sus pies le regalaba brillos sedosos de un azul metálico, y sobre el mar, el cielo caía plomizo, casi negro. La cordillera que paraba el viento del mar ya empezaba a desbordar la blancura algodonosa que anunciaba la galerna. Un aire cálido acariciaba su cara y cerrando los ojos su mente echó a volar.

“Era ligera gaviota planeando suavemente contra el viento. Desde arriba lo abarcaba todo, el mar a un lado y la tierra extendiéndose en imponentes montañas y valles al otro. Con las alas abrazaba toda esa belleza extasiado.

Ladeó las alas y raudo fue bajando hasta el mar. A pocos metros de la playa interrumpían colosales rocas llenas de nidos y gaviotas. Se acercó mecánicamente a uno de los nidos donde le esperaban dos bocas inmensas llenas de hambre que no paraban de clamar alimento. Un fuerte viento le sacude con fuerza y casi le golpea contra un risco. Retoma el equilibrio y planea a duras penas hasta la superficie del mar donde líneas plateadas dibujan fugazmente el imprescindible alimento que ha de conseguir. Se lanza al agua en picado. Tras el golpe aún su cuerpo alcanza a hundirse un poco más hasta rozar el escurridizo pez que se desvía ágil frustrando sus esfuerzos. Dentro, alcanza a ver una bandada de peces que con caprichosos fulgores contrastan frente al oscuro abismo marino. Se queda flotando sobre el agua y vuelve a retomar altura para nuevamente lanzarse tras otro escurridizo brillo plateado. Esta vez lo alcanza y siente en su pico la brutal sacudida de la lucha por la vida. El viento arrecia, las olas casi lo alcanzan, cae una lluvia intensa que viene a dificultar aún más la dura tarea de sujetar con fuerza la presa que pronto tiene nuevos candidatos. Rauda una gaviota le sacude la presa que queda suspendida en el aire mientras otra lo apresa al vuelo. Acelera hasta alcanzarla y tira con fuerza de la presa hasta que la siente firme en su pico y rauda se dirige a su nido donde alcanza a alimentar sólo una boca que nuevamente sigue clamando alimento como si no hubiera recibido nada. La galerna sacude con fuerza, la cortina de lluvia limita la visión, no es tiempo para volar y finalmente cae pesadamente sobre sus crías con el hambre limando con aspereza el descanso.”

De pronto abrió los ojos y se descubrió tumbado sobre la hierba mientras la lluvia caía incómoda sobre él. Tenía todavía el amargo sabor del sueño, o tal vez, pesadilla. Su estómago rugía, le faltaban fuerzas para levantarse y un doloroso cansancio lo amarraba contra el suelo. De pronto una infinita tristeza lo envuelve casi asfixiándolo. ¿Qué ha ocurrido? ¿lo he soñado o lo he vivido?

Se endereza y junto a la playa divisa las dos rocas donde alcanza a ver los puntitos blancos de las gaviotas. Siente una cercanía extraña, ya no las ve desde la lejanía, se siente tan cerca que ve perfectamente su nido y sus crías.




Todos comentan que su obra ha cambiado.
Nadie se explica en qué, exactamente.
No niegan que sus cuadros sigan siendo hermosos,
pero hay algo en ellos que inquieta, incomoda.
Generan un desasosiego difícilmente controlable.
Sus exposiciones crean cada vez mayor expectación y sólo los grandes espacios lo acogen con naturalidad. El público quiere más y su avidez
va in crescendo y sin embargo ya nadie compra un solo cuadro.
Sólo los grandes museos de todo el mundo adquieren la obra que incluyen en salas permanentes y que cada día provocan una riada humana que pasa ante ella como si pasaran
ante una deidad.
A pesar de la multitud, las salas que albergan su obra son salas silenciosas, de un silencio respetuoso, íntimo,
que le confieren al espacio un caríz místico.
Son templos a donde acuden a meditar.


El espíritu del árbol


En medio de una frondosa selva había un claro donde crecía una pequeña aldea cuyo corazón palpitaba a la sombra de un imponente árbol. A juzgar por su tamaño debía tener cientos de años, muchos más que la pequeña aldea.

Una tarde dos hombres conversaban a horcajadas al fresco de su sombra:

- Con tantas mujeres e hijos mi choza se nos queda pequeña. Necesito dos chozas más y para eso he de cortar el árbol.

- No creo que sea una buena idea… ya conoces la historia del árbol.

- ¡Bah! ¡Tonterías! No me vengas ahora con supersticiones.

- No quiero faltarle al respeto pues como jefe siempre tendrá la última palabra, pero su fuerza jamás será superior al espíritu del árbol.

- ¡Déjate de tonterías! Si no se ha cortado éste árbol es porque no ha habido necesidad hasta el momento. Ahora yo necesito cortarlo porque como jefe he de vivir en el centro de la aldea y no en las lindes donde hay más riesgos con los animales de la selva.

- Antes de tomar la decisión habrá que consultarlo…

Al día siguiente acudieron al consejo de ancianos y tras escuchar atentamente la petición del jefe la respuesta fue rápida y unánime. Se negaron en rotundo alegando que el espíritu del árbol era más poderoso y su furia podía poner en riesgo la aldea entera.

El jefe, no contento con el resultado, decidió pasar a la acción y mandó llamar a los expertos en cortar árboles. Cuando recibieron la orden se escandalizaron de tal manera que se negaron en redondo totalmente aterrados… El jefe, viendo que nadie le hacía caso, cogió un hacha y empezó a golpear el grueso tronco con furia. Alarmados, todos se abalanzaron sobre él y le ataron al tronco.

- Ya se lo decía yo, el espíritu del árbol es superior a su fuerza como jefe. El árbol es el bien común de la aldea y si lo dañas, dañas la aldea entera. No nos queda más remedio que defendernos de su locura de poder que le hace perder la razón de velar por todos, que es su misión última como jefe.

Y atado al árbol le dejaron mientras tomaban entre todos la decisión de quién iba a ser el nuevo jefe de la aldea.


"Gela-beltza", hielo negro…


Muchas veces miro atrás, imaginándome, que detrás de mí se acerca mi hermano y le aproximo mi mano que acoge con calidez. Calidez que da la confianza de estar con la persona que quieres a tu lado.

Pero un frío hielo negro viene a quebrar tanta ternura añorada… "Gela-beltza", hielo negro… qué dolor apaga mi vida!

No consigo recordar nada, absolutamente nada de lo que sucedió antes de que mis ojos enfocaran a mi madre, cadáver mutilado, amontonado entre miles de cadáveres igualmente mutilados. La brutalidad entró por los poros de mis ojos en algún momento y acto seguido todo se desvanece a negro. Fue una noche inmensa, devastadora, eterna, pero, sucedió en un instante. Luego vino el largo día que viví, día de años; día, dueña de siglos.

Mi hermano se aferraba a mí con los ojos embarrados en lágrimas, lágrimas tan inmensas que su cara era un lago. Me miraba esperando con aterrado temor que yo despertara. Yo era lo único que le quedaba, todo lo demás había dejado de existir.

Llovía. Llovía toda el agua del mundo. Llovió tanto que hasta borró nuestra aldea, sus caminos, sus chozas, la mezquita… ya no queda nada. No tengo dónde volver…

Nos arrastraron hasta unos camiones con cubierta de lona terrosa. Al subir al camión Hamid perdió su chancla, se le quedó pegado al barro. Él quiso recogerla pero los empujones de los soldados le desequilibraron y yo tuve que tirar de él para evitar que no fuese engullido por el andar desconcertado de otros niños que nos seguían el mismo destino… No sé porqué me dió por reñirle? Fue un gesto, sólo un gesto. Le reñía como un hábito que emana del tedioso deber de ser la mayor, me irritaba tener que estar todo el tiempo encima suyo, me exasperaba la lentitud con que aprendía, olvidando que alguna vez yo fui tan pequeña como él… Me cansaba cargarlo a mis espaldas cuando había que recorrer largas distancias y que llorara tanto…

Le reñí. Me miró triste, tan triste y yo me sentí tan mal que lo abracé con todas mis fuerzas. Lo siento hermano mío!

Pasamos el viaje fundidos en un desesperado abrazo. Un abrazo que aún mi cuerpo añora, un abrazo que rechaza otro. Un abrazo que quería ser un manto mágico que nos hiciera desaparecer.

Me arrancaron el abrazo de cuajo, como arrancarían el babobad que lleva siglos ahondando sus raíces en la tierra. Me arrancaron los brazos, el corazón, mi hermano y con él mi vida… Violentamente, entre gritos, insultos, golpes, lágrimas y terror nos separaron en dos grupos, las niñas en tierra y a ellos se los llevaron…

Quise correr tras él, pero un golpe seco chirrió mi cráneo y otra vez la noche negra me sumió en otra pesadilla aún más devastadora. No fue vida, no fue nada todo ese tiempo en ese túnel de horror cotidiano que ahogó como barro espeso mi cuerpo y mi ser.

Pasaron miles de soles que abrasaban mientras mis manos escarbaban la tierra en la exigencia de sacar a la luz la fuente de todas nuestras desgracias. Mientras el hambre desdibujaba nuestras siluetas, nuestras manos colmaban de riqueza las manos asesinas que no cesaban de someternos a sus inhumanos antojos. A un mismo tiempo su riqueza se fortalecía y protegía reclutando a nuestros niños, nuestro futuro… Narcotizados y forzados a cometer las mayores atrocidades bajo el frío y asfixiante manto del terror.

Solo en las noches me liberaba del pesado fango que ahogaba mi destino y echaba a volar. Lechuza blanca con ojos amarillos que escrutaban cada rincón de nuestra moribunda tierra buscando a mi querido hermano, razón de mi vida. Sólo resistí por ti, para encontrarte.

A través del brutal destino de otros fui descubriendo tu corto destino, hermano, querido hermano. Tan pequeño, tan frágil, tan niño para una guerra así…

Ya sin motivo para quedarme, sin temor para morir, me lancé a una huída lenta de aquella locura buscando otro destino que no permitiera borrar nuestra integridad.

Ahora habito una tierra húmeda como la nuestra pero serena. Mi lengua no olvida la nuestra ya desterrada pero se enriquece de otra lengua igualmente hermosa. Gela-beltza", hielo negro… cómo he revivido de nuevo! Ya casi, cuando miro atrás, no veo a mi hermano. Otras criaturas llenan mi vida, dos niños preciosos que disfrutan por nosotros aquella infancia que nos negaron tan brutalmente… y Jon, mi gran amor…

Cuentos de EIM

DECONSTRUCCIÓN LITERARIA

1. CUENTO (Versión 1)

Había una vez un monte lleno de vida, en el cual vivían muchas clases de animales. En lo alto, anidaban decenas de familias de águilas.

Había una familia que vivía en la quinta roca del norte del monte. Una de las águilas era Haizea, tenía tres años y un plumaje precioso, era divertida y trabajadora.

En la roca siguiente vivía otra familia. Una águila de cuatro años llamado Harri formaba parte de ella. Tenía una característica diferente al resto de águilas. De pequeño, aprendiendo a volar, se chocó contra la rama de un árbol y perdió el ojo derecho. Le apodaban “el tuerto”, pero a él no le preocupaba que le llamaran así. Su preocupación era que no veía como antes, lo pasó bastante mal y sus ganas de ir a cazar disminuían poco a poco.

Un día, su padre le llevó al sur del monte para visitar a un amigo llamado Lur. Lur, una águila de veinte años, no era tan diferente a Harri, le faltaba el ojo izquierdo. Le contó que, al principio, él tampoco quería cazar porque creía que al perder el ojo, no iba a ver las presas con mucha rapidez y no las cogería. Pero, fue desarrollando su capacidad auditiva mediante ejercicios. Practicaba con los sonidos de alrededor y, finalmente, consiguió distinguir los diferentes sonidos de los animales. Ahora, cazaba de igual manera que las demás águilas, gracias a su gran capacidad auditiva.

Después de aquella visita, Harri comprendió que tenía que trabajar su capacidad auditiva y lanzarse a cazar, además de recuperar la confianza en si mismo.

El 13 de Marzo era un día especial para las águilas del norte del monte. Todos los años se celebraba una comida popular con motivo de su llegada a aquel lugar.

Llegó el 13 de Marzo. Harri fue con su familia a la comida, al igual que Haizea. Después de comer copiosamente y beber cerveza, los mayores se quedaron tomando café, copa y puro. Los jóvenes, en cambio, se fueron al baile.

Haizea ya había decidido que el momento de volar de casa de los padres, buscar su camino y encontrar una pareja, había llegado.

Haizea se fijó en dos águilas. Uno era Harri, el otro era Harkaitz.

Harri le parecía guapo, parecía tranquilo y seguro de si mismo. Pero... era tuerto, y ese aspecto le creaba dudas. ¿Podría cazar igual que las demás?

Harkaitz, en cambio, tenía cinco años y era de mayor tamaño, muy fuerte y tenía fama de ser un cazador habilidoso y rápido. Además, era el cantante de un conocido grupo de Rock.


Haizea estaba con dos amigas. Les preguntó qué pensaban sobre ellos.

Una amiga le contestó, que sin pensarlo ni un segundo más, fuera Harkaitz el elegido.

La otra, en cambio, le comentó que Harkaitz era un poco creído y que lo de cazar no era para tanto. Harri, en cambio, no era tan mal cazador como se comentaba. Parecía majo y era guapo.

Haizea estaba echa un lío. No le habían ayudado mucho. Entonces, se dio cuenta, que ella misma debía decidir. Pero... ¿Quién? En ese momento, le gustaría tener una bola de cristal y ver el futuro con cada uno. Pero, esa bola todavía no estaba inventada.

Entonces, decidió pasar a la acción. Se acercó a Harri, habló y bailó con él, y después volvió con sus amigas. Harri era majo y guapo, pero transmitía poca confianza en si mismo.

La siguiente escena fue ésta: Después de beber un par de cervezas con los amigos, Harkaitz se acercó a Haizea. Hablaron un rato, bailaron y Haizea volvió a dónde estaban sus amigas, para coger una cerveza y comentarles la situación. Harkaitz estaba lanzado, se le estaba echando encima, y Haizea sabía que ahora era el momento de la decisión.

Harkaitz era demasiado perfecto. Fuerte, guapo y gracioso. Pero... su forma de ser... era un poco arrogante.

Harri, después de bailar con Haizea, no se atrevió ni a mirarla, estaba avergonzado, miedoso y dudoso.

Haizea tomó la decisión. Se quitó de encima a Harkaitz, y se fue directa hacia Harri. Harri no sabía qué hacer cuando la vio venir. Harri sacó fuerzas para hacer frente a su falta de confianza, habló y bailó con ella, antes de que se escaparan a un lugar tranquilo.

Al día siguiente, Haizea y Harri, empezaron su viaje hacia otro monte, con incertidumbre pero con mucha ilusión.


1. CUENTO (Versión 2)

Había una vez un monte lleno de vida, en el cual vivían muchas clases de animales. En lo alto, anidaban decenas de familias de águilas.

Había una familia que vivía en la quinta roca del norte del monte. Una de las águilas era Haizea, tenía tres años y un plumaje precioso, era divertida y trabajadora.

En la roca siguiente vivía otra familia. Una águila de cuatro años llamado Harri formaba parte de ella. Tenía una característica diferente al resto de águilas. De pequeño, aprendiendo a volar, se chocó contra la rama de un árbol y perdió el ojo derecho. Le apodaban “el tuerto”, pero a él no le preocupaba que le llamaran así. Su preocupación era que no veía como antes, lo pasó bastante mal y sus ganas de ir a cazar disminuían poco a poco.

Un día, su padre le llevó al sur del monte para visitar a un amigo llamado Lur. Lur, una águila de veinte años, no era tan diferente a Harri, le faltaba el ojo izquierdo. Le contó que, al principio, él tampoco quería cazar porque creía que al perder el ojo, no iba a ver las presas con mucha rapidez y no las cogería. Pero, fue desarrollando su capacidad auditiva mediante ejercicios. Practicaba con los sonidos de alrededor y, finalmente, consiguió distinguir los diferentes sonidos de los animales. Ahora, cazaba de igual manera que las demás águilas, gracias a su gran capacidad auditiva.

Después de aquella visita, Harri comprendió que tenía que trabajar su capacidad auditiva y lanzarse a cazar, además de recuperar la confianza en si mismo.

El 13 de Marzo era un día especial para las águilas del norte del monte. Todos los años se celebraba una comida popular con motivo de su llegada a aquel lugar.

Llegó el 13 de Marzo. Harri fue con su familia a la comida, al igual que Haizea. Después de comer copiosamente y beber cerveza, los mayores se quedaron contando sus batallitas. Los jóvenes, en cambio, se fueron a jugar.

Haizea ya había decidido que el momento de volar de casa de los padres, buscar su camino y encontrar una pareja, había llegado.

Haizea se fijó en dos águilas. Uno era Harri, el otro era Harkaitz.

Harri le parecía guapo, parecía tranquilo y seguro de si mismo. Pero... era tuerto, y ese aspecto le creaba dudas. ¿Podría cazar igual que las demás?

Harkaitz, en cambio, tenía cinco años y era de mayor tamaño, muy fuerte y tenía fama de ser un cazador habilidoso y rápido.

Haizea estaba con dos amigas. Les preguntó qué pensaban sobre ellos.

Una amiga le contestó, que sin pensarlo ni un segundo más, fuera Harkaitz el elegido.


La otra, en cambio, le comentó que Harkaitz era un poco creído y que lo de cazar no era para tanto. Harri, en cambio, no era tan mal cazador como se comentaba. Parecía majo y era guapo.

Haizea estaba echa un lío. No le habían ayudado mucho. Entonces, se dio cuenta, que ella misma debía decidir. Pero... ¿Quién? En ese momento, le gustaría tener una bola de cristal y ver el futuro con cada uno. Pero, esa bola todavía no estaba inventada.

Entonces, decidió pasar a la acción. Se acercó a Harri, habló con él, y después volvió con sus amigas. Harri era majo y guapo, pero transmitía poca confianza en si mismo.

La siguiente escena fue ésta: Después de estar con los amigos, Harkaitz se acercó a Haizea. Hablaron un rato y Haizea volvió a dónde estaban sus amigas, para comentarles la situación. Harkaitz estaba lanzado, se le estaba echando encima, y Haizea sabía que ahora era el momento de la decisión.

Harkaitz era demasiado perfecto. Fuerte, guapo y gracioso. Pero... su forma de ser... era un poco arrogante.

Harri, después de hablar con Haizea, no se atrevió ni a mirarla, estaba avergonzado, miedoso y dudoso.

Haizea tomó la decisión. Se quitó de encima a Harkaitz, y se fue directa hacía Harri. Harri no sabía qué hacer cuando la vio venir. Harri sacó fuerzas para hacer frente a su falta de confianza, habló con ella y se escaparon a un lugar tranquilo.

Al día siguiente, Haizea y Harri, empezaron su viaje hacia otro monte, con incertidumbre pero con mucha ilusión.


2. CUENTO

Había una vez un pueblo llamado Meoz. Sus habitantes vivían de la agricultura y ganadería, sus alrededores estaban ocupados por prados, un río y árboles frutales.

En uno de esos prados vivía una mariquita llamada Merche. Era una mariquita joven, acababa de independizarse y trabajaba en un campo de cultivo comiendo cochinillas. Era feliz en su trabajo, coqueteaba con una mariquita llamada Aitor dando románticos paseos por los prados.

Un día, un pequeño incendio acabó con el campo de cultivo dónde trabajaba Merche. Merche se quedó sin trabajo; pero, aún y todo, seguía siendo feliz y era muy positiva. Sabía que tarde o temprano empezaría a trabajar.

Pasaron varios meses y seguía en el paro. Su ánimo venía decayendo, hasta que un día, pensó que podía buscar trabajo en Javerri. Javerri era un pueblo situado a unos veinte kilómetros de Meoz.

Por otro lado, Aitor era muy guapo y muy majo, y no quería alejarse de él. Además, en Javerri todo sería nuevo: el pueblo, sus habitantes, los prados y las cochinillas. Y, por supuesto, dejaría de ver durante largos periodos de tiempo a su familia y a su cuadrilla.

Merche no sabía qué hacer. Entonces, decidió preguntar a sus padres. ¿Sabían algo de Javerri? ¿Qué debía hacer? ¿Quedarse y esperar para trabajar en Meoz o migrar a Javerri a buscar trabajo?

Sus padres le dijeron que no conocían Javerri, y que la decisión la tenía que tomar ella misma.

Merche seguía con las mismas dudas, y el siguiente paso fue ir al río. Preguntó al sapo si conocía Javerri y si en el pueblo habría trabajo para ella. Él le dijo que Javerri era muy bonito, tenía grandes campos cultivables y hermosos prados. Pero, no le podía asegurar que hubiera trabajo en abundancia en los campos.

Después, no contenta con las respuestas de sus padres y del sapo, fue a visitar a las hormigas. Éstas le dijeron que había muchas cochinillas en los campos de Javerri, pero no sabían la cantidad de mariquitas que trabajaban allí.

Al final, nadie le aseguró que en Javerri hubiera trabajo para ella, y se dio cuenta que sus padres tenían razón. La decisión había que tomarla, y tenía que ser ella quien decidiera.

Durante el día siguiente, se dedicó a volar sin rumbo por los prados, intentando decidir si se quedaba en Meoz o si se iba a Javerri. Mareada con tanto pensamiento, tomó una decisión. Iría a Javerri, buscaría una casa nueva y comprobaría si había, o no, trabajo allí.


Se fue a casa y preparó las maletas. Se despidió de su pisito en Meoz, se despidió de su familia, de su cuadrilla y de Aitor. Llegó el momento de volar hacia un nuevo destino.

Entonces, apareció Mario. Mario era una hormiga que se dedicaba a buscar trabajo a las mariquitas en los campos. Merche ya había hablado con él sobre el trabajo en Javerri cuando visitó a las hormigas, y Mario, sabiendo que pronto partiría hacia Javerri, venía a comentarle que tenía trabajo para ella en un campo de Meoz.

La pobre Merche estaba echa un lío. Ahora, tendría que decidir otra vez, o quedarse o irse.

No se lo pensó dos veces, le agradeció a Mario la propuesta pero la rechazó. Agitó las alas y empezó un nuevo camino en su corta vida.





PENSAMIENTOS DE UNA TARDE DE OTOÑO


Era una tarde gris y lluviosa de otoño. Miles de hojas verdes, marrones y anaranjadas cubrían el recorrido de aquel día. Paseando y pensando, un torbellino de ideas sobre tu vida, pequeñas experiencias amorosas, laborales, familiares y con los amigos y amigas, que durante el paseo parecía no tener fin.

Primero, ves los trenes que han pasado cerca de ti, haciendo tan poco ruido que parecen invisibles, trenes a los que no te has subido y se han marchado.

Después, te acuerdas de aquellos pequeños paseos en tren que sí has llegado a disfrutar.

Y ahora te preguntas: ¿Y por qué no? Quieres soñar, quieres tener ilusión y empezar un nuevo recorrido.

Pero, es ahora cuando también te preguntas, si eres o no capaz de abrir ese camino, dentro de tu extenso mundo poblado de inmensos árboles. No sabes si puedes abrirte paso entre las ramas del bosque, y elegir la dirección correcta hacia la felicidad.

Necesitas un poco de luz, pero no hay luz, estas en la oscuridad. Quieres poner un poco de luz, te pones a podar las ramas viejas de los árboles que no dejan pasar la luz. Y al final, entran rayos de sol que guían tu camino.


EL SOL FAVORECE AL HIJO DE LAS MUSAS


Había una vez un pueblo de Gipuzkoa, cuya población vivía prácticamente del mar. Muchos habitantes eran pescadores, y el pueblo contaba con conocidos restaurantes en el puerto.

En un restaurante necesitaban un cocinero, el anterior se había jubilado dejando huérfana la cocina. Se fue con tristeza después de pasar allí parte de su vida. Los dueños prepararon una prueba para elegir el nuevo cocinero.

A la prueba se presentaron seis cocineros, vestidos con sus delantales y gorros. La prueba era cocinar un plato que debía tener como su atracción principal lomos de pescado fresco.

Uno de los cocineros era Ibon, un hombre apasionado entre los fogones. Una vez que se ponía su delantal y gorro color pistacho, se transformaba en una persona sin complejos y con gran determinación, sacando toda la pasión que llevaba dentro.

Empezó cortando los cuerpos marinos con mucho cariño y cuidado. Les puso un bañador de harina y se fueron a tomar el sol de oliva a una isla de barro. Después de estar morenos por un lado, tocaba el otro lado. Perfectamente morenos, los fue sacando uno a uno. Al final, para que esos cuerpos estuvieran todavía más bellos, les añadió complementos marinos y terrestres. Estaba todo preparado para el desfile.

Ibon miraba de reojo cómo cocinaban los demás y cómo presentaron su plato de pescado. Un cocinero con rasgos faciales bien definidos, preparó un plato con una presentación espectacular pero los lomos de pescado habían tomado demasiado sol. Los cuatro restantes, tenían un plato de pescado muy bien cocinado y presentado.

Llegaron los dueños del restaurante, y después de probar y describir cada plato de Merluza con Almejas y Guisantes, los fueron llamando uno a uno. Ibon no fue elegido.

Pasaron unos meses e Ibon se encontraba leyendo una receta de cocina en un semanario, cuando sus ojos se fueron directamente a una foto. Era el autor de la receta que estaba leyendo, y era conocido. Era uno de los cocineros de la prueba del restaurante, y con esos rasgos faciales lo reconoció fácilmente.

Ibon no se lo podía creer, lo habían escogido antes que a él o cualquiera de los cuatro cocineros restantes. Pronto entendió qué pasó de verdad, al leer su nombre y apellidos. Sus apellidos eran conocidos en el mundo de los fogones.



LA CREACIÓN DEL MUNDO

Érase una vez un planeta llamado la Tierra, un lugar en el espacio donde viven los seres humanos.

Mucho se ha estudiado respecto a cómo se creo el mundo o la Tierra, existiendo diferentes teorías. La siguiente es una más.

En la galaxia hay planetas, estrellas y otros tipos de materiales. El planeta Tierra es un planeta con sus características propias, que le distinguen de otros planetas. En ella, la vida es temporal para sus habitantes, y todos van evolucionando al paso que marca la Tierra.

Los seres humanos, hoy en día, vivimos en la Tierra, pero antes hemos vivido en otros lugares de la galaxia, con diferentes formas. Hemos comido animales, y a su vez, nosotros hemos sido comida de otros habitantes de la galaxia.

Hubo un tiempo, en el que los seres humanos se extinguieron debido a la cadena alimenticia ya comentada, echando nuestros restos por la galaxia. Algunos de estos restos, acabaron en la Tierra, junto a restos de animales, materias vegetales y océanos.

Un día, unos habitantes de la galaxia llamados Lur, echaron sobre la Tierra restos de su pócima de creación de vida. Esta pócima tiene la característica que, el que la toma, vuelve a vivir y crecer. Entonces, los distintos habitantes de la Tierra volvieron a nacer y crecieron, dando una nueva evolución al planeta Tierra.

ENSALADA DE CUENTOS

Érase una vez un pueblo rodeado de un bosque. En el pueblo vivía Pulgarcito con su madre, su padre y sus seis hermanos. En el bosque vivían toda clase de animales, entre los cuales se encontraban el Lobo y los tres Cerditos.

Un día, los tres Cerditos fueron a coger ramas para hacer fuego. Empezaron a coger ramas del suelo, pero pronto los Cerditos pequeño y mediano se pusieron a jugar con unas mariposas. El Cerdito mayor les regañó, se iba a hacer de noche y tenían que recoger las ramas antes de que el Lobo apareciera.

Llegó la noche. El Lobo iba de caza porque tenía hambre y vio a los tres Cerditos. Los capturó, los metió en un saco, y pensó que aquella noche cenaría muy bien.

Pulgarcito quería ayudar en casa y lo mandaron a coger ramas al bosque, para hacer fuego. Quería coger muchas ramas y así hacer mucho fuego, para poder cenar y estar calentitos al lado del fuego. Tardó mucho tiempo y salió la Luna. Pensó que era suficiente, y volvió al camino que iba al pueblo.

Pero, entonces, se oyeron voces de animales, y se asustó. Se escondió debajo de unos arbustos, pero no pudo evitar que el Lobo le viera y le capturara.

El Lobo iba a su casa cantando, a la vez que se le hacía la boca agua con sólo pensar en el festival de comida que le esperaba. Mientras tanto, Pulgarcito y el Cerdito mayor tuvieron una idea para escaparse del Lobo.

Llegaron a casa del Lobo. El Lobo no sabía por dónde empezar, primero los Cerditos o Pulgarcito.

Pulgarcito le dijo:
- Soy buen cocinero, puedo cocinar a los tres Cerditos.

Los tres Cerditos contestaron:
- ¡No, no! ¡Empieza primero con Pulgarcito! ¡Seguro que tiene mejor sabor que nosotros!

El Lobo, atento a los intentos para salvarse de ser comidos, pensó:
- Primero, me comeré a un Cerdito. Si no me gusta, me comeré después a los otros dos Cerditos y a Pulgarcito de un bocado. Pero, si me gusta, que Pulgarcito cocine a los otros dos Cerditos, y de postre, me lo como a él.

Pulgarcito le comentó al Lobo:
- Esta semana ha habido casos de triquinosis en el pueblo, habían comido carne asada. Pero, al hervirla no hay peligro para el contagio. Puedo hacer una sopa.

El Lobo pensó:
- Me parece que me quiere engañar. Pero ... por si acaso, prefiero que haga la sopa.


El Lobo le dijo a Pulgarcito que cocinara el Cerdito mayor, porque era el más gordito de los tres Cerditos. Pulgarcito le contestó que necesitaba leña, y el Lobo fue a buscarla. Mientras tanto, el Cerdito mayor se escondió en un cajón de madera sin que el Lobo lo viera, y los otros dos Cerditos se sentaron en una esquina.

Pulgarcito llenó de agua un puchero, y le echó patatas, verduras troceadas y especias. El Lobo trajo la leña, y Pulgarcito hizo la sopa.

El Lobo estaba impaciente por comer:
- ¡Quiero cenar! ¿Dónde está mi sopa?

Pulgarcito le sirvió la sopa, y de tanta hambre que tenía, el Lobo se la bebió en dos sorbos. Él no saboreo nada parecido a Cerdito, y le gritó a Pulgarcito:
- ¡Me has engañado! ¡No has cocinado a ningún Cerdito!

Pulgarcito le contestó:
- En la sopa, había trozos pequeñitos de Cerdito. Pero, como te la has tragado en dos sorbos, no te has dado cuenta. Y si no te lo crees, mira a ver cuántos Cerditos hay.

En casa, había tres Cerditos. Uno escondido, y los otros dos en una esquina, pero con manchas verdes ya que se habían frotado con hierbas mientras el Lobo cenaba la sopa.

El Lobo miró por toda la casa y fue a la esquina dónde se encontraban los dos Cerditos. Cuando vio a los Cerditos con manchas verdes, pensó que Pulgarcito lo había envenenado, se volvió loco y salió corriendo de su casa.